Ana

Wednesday, October 01, 2008

Una carta

Hola,

Cuando leas esto, quiero que sientas toda la energía que deseo transmitirte. Estoy en mis asuntos del día y de pronto me invade un cúmulo de energía sexual, y lo primero en lo que pienso es en ti estirando tu mano, escondiendo tus labios y en mi mente admirando tus ojos. Imagino tu cuerpo, me saboreo tus labios, mi lengua se inquieta y mi cuerpo se estremece. Emano feromonas al ambiente y mi mirada cambia, se pierde un poco, ansío hablar contigo. Todo esto es tan raro, impersonal atracción sin pies ni cabeza.

Moriré de incertidumbre, el fulminante desconocimento, disfrutar el trayecto, en lugar de sufrirlo: ¡que rico!. Desearte sin haber rozado tus labios, sin sentir tu mano al rededor de mi cintura, sin haber empatado tus piernas con las mias, sin presionar nuestros pechos, es un homenaje al poder de la mente humana.

Creo que me fumaré un cigarrillo para tranquilizar mis ansias y evitar el sueño, tengo que lograr una concentración óptima para mi desempeño. ¿Qué pasará? Vendrás, nos saludaremos y platicaremos... sería ideal, y empezará la carrera de besos, primero se presentarán los besos tiernos, inocentes y nobles que presentan la idea de "me gusta mucho", los cuales darán paso a los besos de reconocimiento en los que se declaran si los labios son del gusto, si el cuerpo empieza a ser cómplice del sentimiento, en estos besos es donde se decide si se llevará a cabo la empresa o bien será preciso cancelar el plan. Luego hallaremos un lugar privado donde los besos que se presenten serán los que conviden a los dientes y a la lengua a participar y el perímetro de acción crecerá.

¿Acaso tu no ancías lo mismo? Un beso.

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